Llegamos por nuestra cuenta y empieza el mood viaje. Tiempo libre para dejarnos caer por Baiona, una villa con historia y muchísimo encanto, donde en su día apareció La Pinta tras cruzar el charco. Pero más allá de los libros, aquí lo que apetece es callejear sin prisa: perderse por sus calles empedradas, flipar con las casitas marineras y disfrutar del ambiente.
Imprescindible pasar por el Castillo de Monterreal y asomarse al mar, que aquí siempre suma. También nos toparemos con la Colegiata de Santa María y la Capilla de Santa Liberata, pequeñas joyas en medio del paseo.
Primer contacto con Galicia, primeras risas en grupo y seguro que ya empieza a caer alguna buena comida (porque sí, aquí se viene también a comer bien 😄). Llegada al hotel y a descansar, que esto solo acaba de empezar.
DESAYUNO y arrancamos, que empieza lo bueno 👣🔥
Primera etapa a pie y ya nos regala paisajes de los que se te quedan grabados. Vamos bordeando la ría de Vigo, con el mar acompañando todo el rato y ese aire que te despeja la cabeza (y a veces también te despeina, no te voy a engañar 😄).
Pasamos por Nigrán, donde nos vamos encontrando esos pazos con historia y cruceiros como los de Mallón y O Pereiro, muy de Galicia auténtica. En Panxón hacemos parada en el Templo Votivo do Mar, un sitio que tiene algo especial.
Y seguimos sumando kilómetros entre playas míticas: Panxón, Patos, Samil… aquí caminar se lleva mejor, entre risas, fotos y ese buen rollo de grupo que ya empieza a notarse. Alguna parada caerá seguro, que esto también va de disfrutar sin prisa.
Ojo que hoy se siente: hay kilómetros y algún que otro desnivel que se deja notar en las piernas… pero todo suma y se celebra al llegar 💪
Entrada en Vigo, ciudad grande, con ambientazo y perfecta para rematar el día como toca. Llegada al hotel, descanso y seguramente alguna buena cena compartida.
ALOJAMIENTO.
DESAYUNO y en marcha otra vez, que ya vamos cogiendo ritmo de peregrino 👣✨
Salimos de Vigo y nos metemos de lleno en la Senda da Traída das Augas, un tramo súper agradecido para caminar, rodeados de naturaleza y con ese sonido del agua acompañando. De esos sitios donde el grupo se relaja, se charla y se disfruta sin mirar tanto el reloj.
Antes de llegar a Redondela, pasamos cerca de Trasmañó. Aquí los más curiosos (o los que aún tengan piernas 😄) pueden desviarse un poco para ver su cascada, que merece bastante la pena. Es de esos pequeños “extras” que hacen el camino aún más especial.
Seguimos avanzando entre bosques y con la ría siempre cerca, combinando verde y mar en un paisaje muy Galicia total. Y casi sin darnos cuenta (bueno, igual con algún “ufff” de por medio 😅), llegamos a Redondela, donde nos unimos al Camino Portugués del interior. Aquí ya se empieza a notar más ambiente peregrino, más gente, más historias cruzándose.
Último empujón hasta Cesantes, con ese punto de satisfacción de haber sumado otra etapa juntos, entre risas, charlas y momentos que ya se quedan.
Llegada al hotel, descanso merecido y a seguir disfrutando del viaje en grupo, que esto engancha.
DESAYUNO y a seguir sumando camino, que ya estamos dentro del mood total 👣🔥
Salimos de Cesantes y empezamos a atravesar parroquias como O Viso y Arcade, donde el camino se siente muy auténtico, muy de pueblo, con ese ritmo tranquilo que invita a disfrutar cada paso.
Uno de los momentazos del día: cruzar el puente medieval de Ponte Sampaio sobre el río Verdugo. Sitio con historia y con ese encanto que te hace parar un segundo, mirar alrededor y pensar “merece la pena estar aquí”.
A partir de ahí, seguimos por antiguos caminos empedrados, algunos con tramos de la Vía Romana XIX… sí, caminando por donde ya se caminaba hace siglos. Y mientras tanto, el grupo ya va a lo suyo: charlas, risas, silencios de esos que también se disfrutan, y seguro que alguna parada para recargar energía (guiño a la comida gallega 😄).
Nos vamos acercando poco a poco a Pontevedra, pasando por aldeas que parecen sacadas de otra época, todo muy verde, muy vivo.
Llegada al hotel, descanso y ese gustazo de haber completado otra etapa juntos.
DESAYUNO y arrancamos otra jornada, que ya estamos más que metidos en la aventura 👣✨
Salimos cruzando el puente del Burgo y poco a poco vamos dejando atrás Pontevedra. Al principio el camino es más urbano, pero enseguida se transforma y empezamos a meternos por sendas entre viñedos… de esos paisajes que invitan a bajar el ritmo y disfrutar.
Llegamos a Alba, donde si apetece hacemos una paradita para ver la iglesia de Santa María. Buen momento también para reagruparse, comentar la jugada y, por qué no, picar algo 😄
A partir de aquí, ojito porque viene uno de los tramos más bonitos del día: un bosque espectacular, lleno de robles y ese ambiente mágico que tiene Galicia cuando te metes de lleno en la naturaleza. De esos sitios donde el grupo se queda más en silencio… pero en plan bien, disfrutando.
Seguimos hasta Ponte Balbón, donde nos encontramos uno de esos cruceiros que molan de verdad, con la figura de Santiago Peregrino marcando el rumbo. Ya va oliendo a meta (aunque todavía queda camino 😉).
Desde San Amaro, alternamos pistas y corredoiras hasta llegar a Tibo, un sitio con muchísimo encanto que ya nos abre la puerta a Caldas de Reis.
Últimos pasos del día, llegada al hotel, piernas cansadas pero sonrisa puesta. Otra etapa más compartida, otra que se queda.
DESAYUNO y a por otra etapa, que esto ya es rutina… pero de la buena 👣🔥
Hoy nos metemos de lleno en un tramo de bosque autóctono de los que enganchan: caminos que van cambiando entre adoquines, tierra, gravilla… pero siempre rodeados de verde. De esos días en los que caminar se hace casi automático y la cabeza se desconecta.
Al llegar a Santa Mariña de Carracedo, entramos en zonas más tranquilas, con menos gente y mucho árbol. Tramo perfecto para disfrutar a tu ritmo, charlar con los compis o simplemente dejarte llevar.
Vamos pasando por aldeas como Cabaleiro y Fonteiro, pequeños puntos del camino donde siempre hay alguna historia, alguna sonrisa o alguna parada improvisada. Porque sí, aquí el grupo ya es piña total 😄
Y ojo al momento foodie del día: llegada a Pontecesures y entrada hacia Padrón bordeando el río Sar. Aquí ya empieza a oler a Galicia en estado puro… y sí, aparecen los protagonistas: los famosos pimientos de Padrón 🌶️
Ya sabes, unos pican y otros no… y siempre hay risas con eso.
Llegada al hotel, descanso merecido y seguramente brindis por otra etapa completada juntos. Que el camino ya se siente diferente cuando lo compartes.
DESAYUNO… y hoy sí, última etapa. Se nota en el ambiente, en las ganas y en esa mezcla de emoción y nostalgia que ya empieza a aparecer 💛
El camino nos lleva por un montón de pequeñas aldeas entre Padrón, Teo, Ames… de esos tramos en los que vas disfrutando cada paso sabiendo que estás muy cerca. Pasamos por Iria Flavia, tierra de Camilo José Cela, donde nos recibe la imponente iglesia de Santa María la Mayor, con ese aire histórico que pone los pelos de punta.
Seguimos hasta A Escravitude, con su fuente milagrosa, y a partir de ahí… puro Camino: pistas, veredas y bosques que invitan a saborear cada momento con el grupo, cada charla, cada silencio, cada risa.
Al llegar a Rúa de Francos, nos encontramos con uno de los cruceiros más antiguos del recorrido… y ya se empieza a notar que esto se acaba.
Y de repente, llega ese momento: el suave ascenso hasta Agro dos Mosteiros… y ahí están. Las torres de la Catedral de Santiago asomando a lo lejos. Piel de gallina. Miradas cómplices. Alguno se emociona. Normal.
Entrada en Santiago. Objetivo cumplido. Camino vivido. Y lo mejor: compartido 🙌
Llegada al hotel y tiempo para asimilarlo todo… pero aún queda broche final.
Por la tarde, nos vamos con guía local a descubrir Santiago de Compostela, una ciudad que es historia pura y Patrimonio de la Humanidad. Empezamos por su Catedral, el Pórtico de la Gloria y la tumba del Apóstol, donde no falta el abrazo que pone el punto final perfecto a la experiencia.
Después, a perdernos por sus plazas míticas: Obradoiro, Platerías, Quintana, Abastos… rodeados de joyas como el Hostal de los Reyes Católicos, el Palacio de Rajoy, San Martín Pinario o el Convento de San Francisco.
Día para celebrar, para recordar todo lo vivido… y seguramente para brindar juntos por un Camino que ya forma parte de nosotros 🍷✨
Fin del Camino.
DESAYUNO… y ahora sí, toca despedirse.
Últimos momentos juntos, entre cafés, anécdotas repasadas y ese “¿te acuerdas cuando…?” que ya sale solo 😄 Porque al final, más que un viaje, esto ha sido una experiencia compartida, de las que dejan huella.
Cada uno vuelve a casa con su mochila… pero llena de algo más que kilómetros: paisajes, risas, buen rollo, comidas increíbles y, sobre todo, gente.
FIN DEL VIAJE… pero seguro que no el último 😉