Llegada por cuenta propia… y empieza la aventura 👣✨
Tiempo libre para empezar a empaparnos del ambiente de Sarria, un lugar muy de Camino, con ese aire peregrino que ya se respira en cada rincón. Aquí lo suyo es callejear sin prisa, ir entrando en el mood y dejar que el viaje vaya arrancando poco a poco.
Entre paseo y paseo, nos iremos encontrando con iglesias, capillas, monasterios y esos antiguos hospitales de peregrinos que cuentan historias de hace siglos. Destacan la Iglesia de Santa Mariña, el Castillo-Fortaleza de Sarria y el Monasterio de la Magdalena, paradas que merecen la pena.
Pero más allá de lo que hay que ver, este es el momento de empezar a conectar con el grupo, primeras risas, primeras charlas… y seguramente la primera buena comida gallega, que aquí ya empieza el festival 😄
Llegada al hotel, descanso y a prepararse, que mañana arranca el Camino de verdad.
DESAYUNO… y ahora sí, empieza el Camino de verdad 👣🔥
Primera etapa a pie y ya entramos de lleno en la magia: pueblos con encanto, aldeas tranquilas y un paisaje que no falla. Caminamos entre bosques de hayas, robles y pinos, de esos que te hacen parar un segundo y decir “qué pasada”.
El camino va cambiando todo el rato: tramos asfaltados, senderos y las míticas corredoiras gallegas… donde toca ir saltando de piedra en piedra para esquivar el agua (y echarse unas risas por el camino 😄).
Durante la etapa vamos encontrando iglesias como la de Santiago en Barbadelo o la ermita de Brea, ese punto especial donde muchos peregrinos dejan mensajes. Además, pasamos por el famoso mojón del kilómetro 100… aquí ya se siente que estamos en el corazón del Camino.
Y para rematar, cruzamos el río Miño y aparece Portomarín, con su llegada espectacular y ese ambiente peregrino que ya engancha del todo.
Llegada al hotel, descanso merecido y seguro que alguna cena para celebrar la primera etapa juntos.
Hoy toca fluir. Tramos junto a la carretera, caminos de peregrinos y pueblos que parecen detenidos en el tiempo. Iglesias románicas, cruceiros y detalles que solo ves si bajas el ritmo. Subes, bajas, conectas… y cuando te quieres dar cuenta, estás en Palas de Rei. Otro día más dentro del Camino.
Aquí el Camino se pone interesante. Naturaleza pura, senderos rurales y ese sube-baja que te hace ganarte cada kilómetro. Pasas por lugares con vibra mágica como Leboreiro o el puente medieval de Furelos. Y sí, parada obligatoria en Melide: pulpo y energía recargada. Llegas a Arzúa con la sensación de “esto ya es real”.
Etapa para disfrutar. Bosques, tranquilidad, arroyos y ese rollo de ir en automático mientras la cabeza desconecta. Si vas atento, te cruzas con la capilla de Santa Irene. Huele a eucalipto, suena a naturaleza… y se siente que Santiago está cerca. Última noche antes del gran día.
El día. Madrugas, mochila lista y nervios arriba. Caminas sabiendo que hoy llegas. Pasas por Lavacolla, subes al Monte do Gozo y ahí está: las torres de la Catedral por primera vez. Piel de gallina. Entras en Santiago, cruzas el casco histórico… y de repente: Plaza del Obradoiro. Lo has hecho. Abrazo, emoción y ese momento que no se explica, se vive.
Por la tarde, toca descubrir la ciudad con guía local: historia, cultura y recompensa final.
Desayuno… y fin del viaje.
(O no. Porque el Camino engancha.)